Serpentear el Stelvio sin mapas digitales
Las 48 curvas del Stelvio desafían la prisa y premian la atención. Mirar el trazado desde un mirador, memorizar series de curvas, y coordinarse por señales manuales devuelve camaradería antigua entre ciclistas y conductores. En septiembre, cuando el aire huele a lana y manzana, un respiro largo antes de cada herradura evita el sobreesfuerzo. Lleva guantes, capas, y un croquis en papel; la altura perdona poco, pero regala horizontes inolvidables.